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martes, 5 de enero de 2016

Aldeanueva de Ebro histórica

Aldeanueva de Ebro histórica. - Grupo Editorial 7, 2015.- ISBN: 978-84-939114-2-3 


En el principio..., la geología / Ianire Galilea Salvador. Pags. 24-29

El pasado de Aldeanueva de Ebro. De las primeras huellas a la primera civilización. La romanización en el entorno calagurritano. El tránsito a la Edad Media / Carmen Herreros González, María Carmen Santapau Pastor. Pags. 30-58 

Otra aldea de Calahorra: el origen del pueblo / Miguel Angel del Prado Martínez. Pags. 59-78

El motín de 1663: un movimiento antioligárquico y antiseñorial / P. L. Lorenzo Cadarso. Pags. 79-100

Aldeanueva en el siglo XVIII / José Luis Gómez Urdáñez, Sara Bustos Torres. Pags. 101-122

Guerra y revolución. La villa liberal / José Luis Gómez Urdáñez. Pags. 123-133

Sixto Cámara (1824-1859) y la revolución social / Roberto Pastor Cristóbal. Pags. 134-150

La Restauración, el caciquismo y la conflictividad social / José Luis Gómez Urdáñez, Miguel Angel del Prado Martínez. Pags. 151-175

El sindicalismo agrario en Aldeanueva de Ebro en las primeras décadas del siglo XX / Miguel Angel del Prado Martínez. Pags. 176-208

Evolución vitivinícola en Aldeanueva de Ebro / Miguel Angel del Prado Martínez. Pags. 209-230

El interés por la educación / Marie-Hélène Buisine-Soubeyroux. Pags. 231-241

La Segunda República / José Luis Gómez Urdáñez. Pags. 242-283

Guerra Civil, franquismo y democracia / Manuel Orta Simón, Roberto Pastor Cristóbal. Pags. 284-344

El arte de Aldeanueva de Ebro / Mapi Gutiérrez. Pags. 345-368

Miguel Angel Sainz / Mapi Gutiérrez. Pags. 369-404

Notas etnográficas de Aldeanueva de Ebro / Francisco Javier Vicuña Ruiz. Pags. 405-427

jueves, 5 de noviembre de 2015

Juan Fernández de Vallejo y el retablo de Aldeanueva de Ebro (La Rioja)

Se ha venido afirmando que el retablo de Aldeanueva de Ebro es obra de Arnao de Bruselas y Pedro de Troas, como así queda de manifiesto en el magnífico trabajo de Mapi Gutiérrez. No obstante en su manufactura se han observado diferentes manos, no siendo fácil la atribución de la autoría de todas sus tallas. Un reciente artículo del historiador del arte Aurelio A. Barrón  aporta algo más de luz a la compresión de este retablo. Según Barrón, la finalización del retablo le correspondió a Juan Fernández de Vallejo (1532-1601), autor fundamental en el desarrollo de la escultura romanista del Norte de España, siendo este retablo precisamente la primera obra romanista de este escultor como autor independiente. Entre las escenas que Barrón atribuye a Fernández de Vallejo están la Asunción, El Calvario, la figura de Cristo las imágenes de San Juan Bautista y Moisés, o la escena de la Visitación. 

La Asunción. Atribuida a Juan Fernández de Vallejo

Así, según Barrón, tras la muerte de Arnao de Bruselas producida a finales del año 1564, Juan Fernández de Vallejo adquirió la casa y el taller que el maestro flamenco había tenido en Logroño desde el año 1553, junto con las herramientas, dibujos, trazas y modelos.

Unos meses después de que Fernández de Vallejo se hiciera con el obrador, el 7 de noviembre de 1565, los escultores Pedro López de Gámiz y Martín de Bandoma tasaron el retablo mayor de Aldeanueva de Ebro, contratado por Pedro de Troas y Arnao de Bruselas. Lo valoraron en 4.456 ducados, de los que afirmaban que 306 correspondían a cinco historias realizadas por Arnao y el resto a Troas. No obstante, y siguiendo con la opinión de Barrón, la mano directa del flamenco no se encuentra en ninguna de las figuras del retablo, si se exceptúa parcialmente la figura del titular de la parroquia, San Bartolomé. Ciertos estudiosos se han inclinado por relacionar con Arnao las escenas del banco y otros, con los relieves del primer cuerpo, que son de mayor calidad y modernidad. La tasación de Gámiz y Bandoma estimó en un valor escaso las cinco historias que correspondían a Arnao, pues salen a una media de 61 ducados, mientras que las demás escenas duplican ampliamente ese valor. Desde este punto de vista cuantitativo, no habría que buscar las mejores escenas -que serían las más valoradas por los tasadores- como las realizadas mientras Arnao participaba en esta obra. Además, es normal que el retablo se comenzase a realizar por el banco, de modo que es probable que los tasadores compensaran a los herederos del flamenco -una viuda y un menor, ambos en difícil posición para plantear la defensa de sus intereses- con los relieves de la parte inferior del retablo que evidentemente no son fruto directo de la gubia del maestro, aunque fueron labrados mientras dirigía el taller.

En el retablo se observan unas tres o cuatro manos principales diferentes que guardan relación con el taller de Arnao. Por su parte, algunas figuras ofrecen rostros anchos y mandíbulas marcadas, que pueden pertenecer a un artífice que colabora tanto con Arnao como con Andrés de Araoz. Para Barrón, lo más relevante es que a excepción del banco y de la figura de San Bartolomé, se advierte la mano de Juan Fernández de Vallejo con mayor o menor intensidad. Así a Vallejo le ha de corresponder la Asunción plenamente romanista y sin ningún precedente en la zona. Como, con seguridad, no estaba prevista en la traza, el Abad y el Mayordomo solicitaron una visura especial de esta composición, que fue calificada por los tasadores como “muy buena y perfeta y de mano de los mejores officiales que ay en este Reino”, aunque tuvieron que transigir con que se añadieran alitas a los ángeles que rodean a María. El Calvario sigue la composición de Arnao para el trascoro de la Seo de Zaragoza y la excelente figura de Cristo hubo de salir de la gubia de Fernández de Vallejo. También serían suyas las imágenes de San Juan Bautista y Moisés, los soberbios Apóstoles, la escena de la Visitación y algunas imágenes de la Quinta Angustia donde el apóstol San Juan adopta la pose del David de Miguel Ángel y las figuras principales siguen grabados hechos a partir de la Pietà del Vaticano. Participa igualmente en los magníficos relieves del primer cuerpo e, incluso, ha de ser idea suya romper la línea del entablamento en la caja de la Asunción, animar el retablo y disponer niños desnudos afrontados que aquí ocupan los pedestales del cuerpo dedicado a la Asunción, pues no hay posibilidad de acomodarlos sobre las vertientes de frontones.

El retablo de Aldeanueva es la primera obra romanista de Juan Fernández de Vallejo como autor independiente, aunque se vio obligado a desplegar la escultura en la cuadrícula de un retablo manierista.

viernes, 17 de abril de 2015

Escribiendo la historia de Aldeanueva de Ebro

El pasado 26 de marzo de 2015 presentamos en la Sala Entreviñas un avance del libro sobre Aldeanueva de Ebro que esperamos que en breve se publique.


El programa era muy intenso: un recorrido por toda la historia de Aldeanueva, desde sus orígenes geológicos (Ianire Galilea Salvador), la prehistoria y romanización (Carmen Herreros González), la Edad Media y Moderna (José Luis Gómez Urdañez y Sara Bustos), el siglo XIX y un personaje capital como fue Sixto Cámara (Roberto Pastor), las primeras décadas del siglo XX (Miguel Ángel del Prado) y el arte y la figura de Miguel Ángel Sáinz (Mapi Gutiérrez). 


Tanta intensidad y tan amplio número de participantes obligaba a que las intervenciones fueran muy breves, llevándose la peor parte Mapi que al cerrar el acto se quedó sin tiempo, por lo que solo pudo apuntar lo que nos espera cuando leamos sus textos sobre el arte y sobre su tío, privándonos de esta manera tanto de su saber como de su simpatía. 


Este tipo de actos tan poco frecuentes en Aldeanueva deberíamos intentar que se repitieran con más frecuencia, por lo que desde aquí ánimo tanto al Ayuntamiento como a las distintas asociaciones del pueblo a que programen ciclos de conferencia, como ya en otros tiempos se hacía.



viernes, 13 de marzo de 2015

La creación de una aldea nueva en el siglo XIV

Las escasas referencias bibliográficas sobre el origen de Aldeanueva de Ebro, lo ligan a la conquista cristiana de Calahorra en el año 1045. Así lo hacen Francisco Gutiérrez Lasanta en su Boceto Histórico de Aldeanueva de Ebro, Justiniano García Prado en un artículo publicado en la revista Berceo en el año 1953 bajo el título de “Aldeanueva de Ebro, una villa de La Rioja Baja” y Francisco Javier Vicuña Ruiz en su libro Aldeanueva de Ebro: historia de un pueblo.

Más recientemente Tomás Sáenz de Haro en el capítulo dedicado a la Edad Media dentro de la Historia de Calahorra publicada en el año 2011 por la Asociación de Amigos de la Historia de Calahorra, nos da la clave para entender su fundación al vincularla al fuerte crecimiento demográfico producido entre los siglos XI y XIII en Calahorra y que dará lugar a la aparición de una serie de aldeas alejadas de la ciudad y situadas junto a las nuevas tierras roturadas en la vega del Ebro, como Murillo a finales del siglo XI, Rincón de Soto desde 1178 y Aguilar desde 1287. 

 Fuente de Aldeanueva de Ebro, actualmente desaparecida

Será un poco más tarde, en los albores del siglo XIV, cuando surja una “aldea nueva” más alejada del río Ebro. Las condiciones que ofrecían las tierras que se extendían entre la sierra de Yerga y el río Ebro la hacían especialmente apetecible para el desarrollo agrícola y pastoril, por lo que progresivamente se fueron estableciendo algunos moradores en una suave loma protegida de las aguadas de las tormentas y con una fuente a sus pies. Es posible afirmar que estos primeros pobladores procedían de la cercana aldea de Aguilar, situada a pocos kilómetros de Calahorra junto a las orillas del río Ebro y actualmente desaparecida. Así se señala en un impreso de finales del siglo XVII conservado en el Archivo de la parroquia calagurritana de San Andrés:
Tiene sus principios, santísimo padre la villa de Aldeanueva de las ruinas de una pequeña aldea de la ciudad de Calahorra, llamada San Pedro de Aguilar de cuyo templo se conservan oy sus paredes (aun siendo de tierra) en altitud de quatro estados de hombre poco más o menos, la latitud de este templo será como treinta pasos y por lo ancho quinze, todo con poca diferencia, de donde se infiere ser muy moderno el lugar de Aldeanueva, demás que lo significa su nombre, pues estando este templo humilde y pobre y en puesto eminentemente combatido de las aguas y los vientos, claro está que tiene pocos años quien se defiende de tan fuertes enemigos.
Santísimo padre, aunque es tan moderno Aldea Nueva, no puedo notificar a V. Beatitud fixo año en que se fundó, solo consta que algunos vecinos de dicha aldea de San Pedro de Aguilar baxaron a Aldea Nueva por tener espaciosos campos, holgados y más fértiles; que fundaron una granja o cortijo que se conserva oy con este nombre.
Como vemos en un principio no se puede hablar de la existencia de una aldea, sino que se trataba de un “cortijo” construido en un punto estratégico para cultivar y controlar los pastos de la zona.

El Cortijo “fosilizado” en el actual callejero. 
Foto: La Rioja desde el cielo (recogida por Pedro Álvarez Clavijo) 

Tal y como señalaba Pedro Álvarez Clavijo en un estudio sobre el cortijo de Tirgo, durante los siglos XIII y XIV en la zona navarro-riojana como cortijo se designaba a un reducto defensivo vinculado a un núcleo de población, cuya misión era la de servir de refugio a personas y bienes en caso de peligro. La forma de estos cortijos solía estar determinada por la existencia previa de construcciones a las que se adaptan, como castillos, torres, iglesias, o caseríos ya consolidados que debían ser protegidos.

No sería este el caso de Aldeanueva, cuyo cortijo fue creado “ex novo” y concebido sin que existiera ningún elemento constructivo anterior que lo condicionara, por lo que en su construcción se puede reconocer, tal y como señala Álvarez Clavijo, la aplicación de un modelo preconcebido que respondía a la idea abstracta que en el siglo XIV se tenía de un cortijo.

La reveladora morfología de las actuales calles Cortijo y la Cava reflejan bien a las claras un reducto planificado de tal modo que la protección quedaba asegurada por la agregación de una serie de viviendas, cuyas fachadas traseras definirían el perímetro exterior de un círculo cerrado; un círculo que quedaría cortado con la posterior construcción de la iglesia.

Tras la construcción del cortijo, y con la progresiva llegada de moradores surgirá una verdadera aldea a la que los documentos de comienzos del siglo XIV empiezan a llamar “la fuente”, para al poco tiempo empezar a llamarla indistintamente como “la aldea de la fuente” o “la aldea nueva”.

La primera referencia documental a nuestro pueblo la hemos encontrado en el año 1326 en un libro de las rentas recaudadas por las iglesias parroquiales de San Andrés y Santiago de Calahorra, en la que aparece citada como “la fuente”, así se menciona que se recogen los “siesmos” de San Andrés, Sant Yago, Santa María, Rencon de Soto, de Aguilar y de la fuente.

Solo siete años más tarde, en 1333 aparece mencionada como “aldea de la fuente” cuando el concejo de Calahorra concede un quiñón en “nuestra aldea de la fuente” al deán Juan Martínez de Tafalla, según referencia dada por Tomás Sáenz de Haro en la ya mencionada Historia de Calahorra.

Pocos años más tarde en las cuentas de los diezmos recaudados por el mayordomo de la iglesia parroquial de San Andrés ya aparece citada de manera explícita como “aldea nueva”, aunque también se le seguía llamando “aldea de la fuente”, así en el año 1357 las parroquiales calagurritanas recogen los siesmos de Sant Yago, San Andrés, Santa Maria, la aldea de Rencon de Soto, y la aldea de la fuente.

El nombre de Aldea Nueva parece ya fijado a finales del XIV, así en 1374 “Sancho Navarro del Aldea Nueva” suscribe un acuerdo entre concejo y cabildo y, como Aldea Nueva también aparece en 1381 en un acuerdo de pastos con Autol.

Al encontrarse dentro de la jurisdicción de la ciudad de Calahorra, Aldeanueva pasará a depender directamente de ella, siendo un lugar más de la dicha ciudad.

lunes, 23 de febrero de 2015

De Aldeanueva de Ebro a América: la emigración en el primer tercio del siglo XX

En el primer tercio del siglo XX, 108 vecinos de Aldeanueva de Ebro, siguiendo el mismo camino que recorrieron casi 5 millones de españoles, emigraron al continente americano en busca de nuevas oportunidades. El 41 % de estos aldeanos saldrán del pueblo entre los años 1908 al 1913, un periodo crítico en la localidad coincidente con la etapa de máxima demanda de inmigración europea en países como Argentina.

Está emigración afecto a un escaso 4% de la población de Aldeanueva de Ebro, teniendo apenas repercusiones en el balance demográfico del periodo. Si en al año 1900 la población se cifraba en 2753 habitantes, en el año 1930 estaban censados un número prácticamente igual: 2749 habitantes.

Las causas de la emigración

Detrás de esta emigración se encuentra la huida del paro y la miseria que se había enseñoreado de Aldeanueva de Ebro como consecuencia de la plaga de filoxera que a comienzos del siglo XX arrasó con la práctica totalidad de su viñedo, la principal riqueza del pueblo, así las 1100 hectáreas existente en el año 1899 quedaron reducidas a 180 hectáreas en 1909. De este modo los jornaleros que hasta entonces habían trabajado en las abundantes tareas que requerían las viñas a lo largo de todo el año quedaban desempleados y sin ninguna fuente de ingresos.

La salida a su mísera situación la vieron muchos jornaleros aldeanos en las tierras américanas al conocer las oportunidades económicas que se les ofrecía a través de las cartas de familiares y amigos que ya se encontraban en América o por los relatos de los vecinos retornados -en algunos casos enriquecidos- y cuya aventura soñaban con imitar. Al comparar los salarios o las oportunidades de acceso a tierra libre y fértil existentes en la otra orilla del Atlántico con sus niveles de paro y miseria, en muchos hogares de Aldeanueva de Ebro se tomó la decisión de invertir sus pequeños ahorros en la emigración de alguno de sus miembros.

Otro factor que les ayudó a tomar la decisión para salir del país fue la obligatoriedad de realizar un servicio militar que duraba tres larguísimos años y en los que las economías familiares quedaban privadas de la mano de obra y los ingresos de sus miembros más jóvenes. El pago al Estado de elevadas cantidades o el reemplazo por otro joven que eran las formas legales de evitar el servicio militar no estaban al alcance de las clases bajas, por lo que la emigración clandestina era la salida que les quedaba a los jóvenes jornaleros aldeanos que quisieran librarse de esta carga. De los 85 varones aldeanos que emigraron a América, 37 fueron declarados prófugos, es decir un elevado 43,5 %.

Quienes eran los emigrantes

El perfil del emigrante a América era el de un varón, joven (entre los 14 años y la edad de incorporarse al servicio militar) soltero y en búsqueda de nuevas oportunidades de trabajo. En el caso concreto de Aldeanueva de Ebro vemos que en su mayoría son jóvenes de entre 18 y 20 años, en el caso de los varones el de mayor edad tenía 23 años. Las mujeres emigraban con algo más de edad, de hecho las dos personas mayores que salieron de Aldeanueva hacia América fueron dos mujeres que tenían 27 y 29 años respectivamente. 

En cuanto al sexo, este era mayoritariamente masculino, siendo 85 hombres (78,7%) frente a solo 23 mujeres (21,3%). Por lo que respecta a su estado civil, dada su juventud, en su mayor parte eran solteros.

La mayoría realizaban el viaje solos sin ningún otro miembro de su familia, así lo hacen el 56,5% de los aldeanos emigrantes. En los casos que salieron varios miembros de la misma familia la forma en que lo hicieron fue dos hermanos varones (así lo hacen 24 aldeanos), dos hermanas (así lo hacen 6 aldeanas), también llegaron a salir un hermano y una hermana y en otra ocasión tres hermanos varones.

Las reunificaciones familiares también se produjeron, así hasta tres familias aldeanas se trasladaron al completo hasta América para reencontrarse con el cabeza de familia que ya había emigrado con anterioridad.

Una parte importante de los jóvenes aldeanos emigraron de manera estacional, en función de las circunstancias del mercado de trabajo tanto en el pueblo como en el país de destino, regresando después a Aldeanueva de Ebro. 

Los países de destino

Argentina fue el país de preferencia de los aldeanos, y allí se dirigieron 62 de ellos, es decir el 57,5%. Se trataba de un país en expansión con una fuerte demanda de mano de obra en el sector primario que trataba de cubrir sus necesidades con emigrantes europeos a quienes les ofrecían muchas facilidades. Así por ejemplo los que llegaban a Buenos Aires disponían de un Hotel de Inmigrantes en el que tenían derecho a manutención y alojamiento por unos días; además les facilitaban el transporte y la colocación de quienes lo necesitasen. No es por ello extraño que esta ciudad fuera el destino habitual de los emigrantes aldeanos.

Chile, Méjico, Puerto Rico, Cuba, Venezuela y Paraguay fueron otros de los destinos de los aldeanos, pero ya a mucha diferencia, pues solo 11 de ellos emigraron a estos países.

Por otra parte, hay 35 aldeanos de los que no sabemos a que país americano en concreto se dirigieron.

Cómo iban a América

Cargados con un hatillo o un baúl de emigrante la salida de casa era el comienzo de una serie de aventuras y calamidades.

Para realizar el viaje a América los emigrantes acudían a un puerto determinado en función de su proximidad geográfica, el precio de los pasajes y las rutas que permitieran llegar de la manera más directa posible al lugar de destino. Los aldeanos elegían mayoritariamente los puertos de Santander, Bilbao y Barcelona.

Una vez allí debían esperar la salida del barco en modestas posadas o en el peor de los casos al raso en la periferia de las ciudades, viendo disminuir sus escasos ahorros cada día de retraso en la partida.

Los pasajes eran caros, así el precio del billete hasta Buenos Aires rondaba las 200 pesetas, por lo que solo se podían pagar gracias a la solidaridad familiar o/y mediante el endeudamiento.

Además del pago del pasaje el emigrante para salir del país debía reunir una serie de requisitos. Así entre los documentos necesarios estaba la cédula personal o pasaporte, el certificado de buena conducta y el de no estar procesado ni cumpliendo condena, el certificado de hallarse libre de toda responsabilidad de quintas o de haber pagado el depósito correspondiente, autorización ante notario de padres y tutores para las mujeres menores de 23 ó 25 años (dependiendo de las épocas), autorización del marido para mujeres casadas.

Las autoridades intentaban controlar la salida tanto de los varones jóvenes en edades próximas a su llamada a filas como de las mujeres sin autorización del padre, tutor o marido. Para burlar estas exigencias se podía acudir a falsificadores de documentos e intermediarios de todo tipo. En otras ocasiones se optaba por salir desde puertos extranjeros e incluso embarcarse en altura.

El trayecto hasta América solía durar 2 semanas y se realizaba en enormes barcos de vapor propiedad de grandes compañías de navegación que competían por atraer a los viajeros. Uno de los vapores que hacía ruta a Buenos Aires era “El Chili”, en el que se embarcarán varios aldeanos.

 En los barcos existían cuatro clases, de las cuáles la última se denominaba “emigrante”. Esta no disponía de ninguna comodidad, ni siquiera de camarotes. Los pasajeros debían distribuirse en centenares de literas dispuestas en los entrepuentes de las bodegas. Oscuridad, hedor, humedad y un ruido infernal es a lo que daba derecho un pasaje en clase emigrante. O, como alternativa, un viaje a la intemperie. Con unas condiciones tan duras eran frecuentes las enfermedades, epidemias, cuarentenas e incluso los fallecimientos.

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Fuentes de información

Relación de emigrantes de Aldeanueva de Ebro a América, en Emigrantes riojanos a América: 1880-1936 / Alonso Ramos, Pedro A. Gurría García, Mercedes Lázaro Ruiz


Tener un tío en América, la emigración riojana a ultramar (1880-1936) / Pedro A. Gurría García, Mercedes Lázaro Ruiz

viernes, 6 de febrero de 2015

El difícil arranque del siglo XX

La agricultura y más concretamente el cultivo de cereales y de la vid ha sido durante siglos la base económica de los habitantes de Aldeanueva de Ebro, por lo que su situación socioeconómica ha estado marcada por el devenir de estos cultivos, alternando épocas de bonanza con otras más desfavorables, y en este devenir las últimas décadas del siglo XIX estuvieron marcadas por la bonanza producida por la creciente demanda de vino tras la destrucción del viñedo francés atacado por el oído y la filoxera.
Los beneficios económicos del vino llevaron a los agricultores aldeanos a aumentar la plantación de viñas de manera que las 151 hectáreas cultivadas en 1861 se convirtieron en 1100 hectáreas en el año 1899, a las que había que sumar las 1650 hectáreas plantadas en los pueblos vecinos. Para atender a la nueva producción el pueblo se llenó literalmente de bodegas en las que se llegaban a elaborar 300.000 cántaras de vino. Hasta 70 bodegas de distintos tamaños se llegaron a contabilizar en el año 1889, 29 en edificios dedicados de manera exclusiva para bodegas y el resto dentro de las casas o compartiendo espacio con corrales o/y pajares. De los 12 cosecheros de vino recogidos en el Anuario de Comercio del año 1881 se pasará a los 33 entre los años 1888 y 1899. Nuevos profesionales como los cuberos empiezan a desarrollar su actividad en la localidad, el primero de ellos Anselmo Goicochea ejercerá como cubero desde 1882, y a partir de 1886 también lo harán Ramón Echevarría, Miguel Zubeldia y Robustiano Varea.

Aldeanueva de Ebro era considerada una villa rica en la que viticultores y vinateros obtenían importantes beneficios y los jornaleros conseguían trabajo en las abundantes tareas que requerían las viñas a lo largo de todo el año. Pero en las mismas puertas del siglo XX la plaga de filoxera hundió su pujante economía.

En el verano de 1899 se detectaban los primeros casos de filoxera en La Rioja y en diciembre ya había llegado a los campos aldeanos. Los efectos de este insecto eran letales para las viñas, así una vez instalado en las raíces de una cepa, ésta moría irremediablemente en un plazo que oscilaba entre los dos y los cuatro años. La propagación de la plaga se producía de forma rapidísima. Tras ensayar de manera infructuosa distintos medios para combatir la plaga, se comprobó que el único método útil era el arranque de las viñas filoxeradas y la plantación de barbados o portainjertos de vid americana, que a diferencia de las variedades europeas eran resistentes al insecto. Tras las lógicas vacilaciones para adoptar una medida tan drástica, finalmente los viticultores aldeanos comenzaron a arrancar sus viñas, desapareciendo en el plazo de 10 años 920 hectáreas de viñedo, quedando su extensión reducida a tan solo 180 en el año 1909.

La situación pronto comenzó a ser angustiosa pues al arranque de las viñas se unió las malas cosechas de cereales. Aún no habían pasado tres años de la detección de los primeros casos de filoxera cuando en el verano de 1902 el alcalde y la Junta de Mayores Contribuyentes acuden al Ministro de Hacienda solicitándole la rebaja al mínimo del tipo impositivo pagado en el impuesto de consumos. En dicha solicitud presentan una imagen desoladora del pueblo: 
Precaria por demás es la actual situación de esta en otros tiempos rica villa de La Rioja baja, mermadas considerablemente las cosechas de cereales efecto de las pertinaces sequías, perdida en gran parte y muy pronto será en su totalidad su riqueza vitícola por el alarmante desarrollo de la filoxera e infecundas estas feraces tierras para otra clase de cultivo por carecer en absoluto de aguas para el riego, el porvenir que les espera a estos moradores no puede ser, excelentísimo señor más oscuro y problemático.

Abrumados bajo la impresión de miseria tanta, el propietario apenas puede contribuir a las cargas del Estado ni del municipio y el infeliz obrero vese privado del mísero jornal e imposibilitado de atender a las más perentorias necesidades de la vida, viéndose en el duro trance de abandonar su pueblo nativo y buscar en otro más afortunado el sustento para si y para su familia.
En 1904 la sequía y la filoxera ya habían arruinado la agricultura aldeana
la pertinaz sequía se ha encargado de dejar yermos nuestros fértiles campos hasta el punto de poder permitir la entrada del ganado lanar en las heredades sembradas de cereal por no llegar el fruto a su estado de desarrollo para poderlo recoger.

Por otra parte la última cosecha de vino ha sido tan insignificante y tan marcada su depreciación en el mercado, que sus escasos productos, aunque los obtuviera, no remunerarían ni en pequeñísima proporción los cuantiosos dispendios y enormes tributos que gravitan sobre estos pobres labradores.

La devastación del viñedo por la terrible plaga filoxérica avanza rápidamente; ya no es un término determinado el invadido si no que se ha enseñoreado de toda nuestra principal riqueza sumiéndonos en la mayor miseria. Y como si esto fuera poco, la benéfica suspirada lluvia no ha saturado nuestros sedientos campos de la necesaria humedad hace ya dos años no habiéndose podido por tal motivo llevar a efecto las operaciones de sementera, agravándose extraordinariamente la aflictiva situación.
Ante esta situación la Junta de Mayores Contribuyentes se dirigió al Ministro de Hacienda solicitándole que “para aliviar en algún tanto la grande miseria que aflige a este vecindario se digne conceder alguna cantidad del fondo de calamidades públicas por creer ser de justicia lo que se pide a fin de socorrer a los más necesitados” advirtiéndole de los riesgos de alteraciones sociales que se podían llegar a producir:
Las autoridades locales, Excelentísimo señor, solicitas por el bien de sus administrados, escuchan llenos de pena el incesante clamoreo de un pueblo que agoniza, pero carecen de todo recurso material para solucionar este grave conflicto; y si el gobierno de S.M. no acude con urgencia a remediar esta apremiante necesidad, puede esperarse con fundado temor, que estos habitantes de suyo pacíficos, resignados y sufridos, careciendo de pan y de abrigo en la estación más cruel, sin ningún medio de vida en el presente, perdida toda confianza en el porvenir y aguijoneados por el horrible fantasma del hambre, exterioricen su malestar promoviendo en algún día, tal vez demasiado cercano, serias manifestaciones, precursoras de disturbios locales de entrañable gravedad.
Paro, hambre, miseria, emigración son las nuevas realidades para los jornaleros aldeanos, enormes dificultades para los pequeños propietarios y una fuerte reducción de su capacidad económica para los labradores y mayores propietarios. Como contestación a esta pluralidad de situaciones se desarrollarán distintas propuestas asociativas unas de carácter político, otras de defensa de los intereses de la clase obrera o propietaria y por supuesto también una de carácter agrario. La participación de los aldeanos en alguna de estas agrupaciones dependería tanto de su situación socioeconómica y laboral, como de sus experiencias previas, de las expectativas que le ofrecían, o las relaciones y lazos de amistad o de interés que tuviera establecidas.

PRADO MARTINEZ, Miguel Ángel del. “El sindicalismo agrario en Aldeanueva de Ebro en las primeras décadas del siglo XX”. En Aldeanueva Histórica (en prensa)

viernes, 5 de diciembre de 2014

El abastecimiento de los productos alimenticios básicos

Durante siglos una de las principales funciones desempeñadas por los concejos fue la de garantizar que la población estuviera abastecida de pan, vino, carne y aceite, unos productos básicos cuya escasez provocaba carestías, hambrunas, enfermedades, malestar social y alteraciones del orden. Con una economía basada en una agricultura cercana a la subsistencia y sometida a las veleidades climáticas que en forma de sequías o inundaciones, heladas o excesos de calor podían arruinar las cosechas, este objetivo no siempre era fácil.


Para intentar asegurar el adecuado abastecimiento, los concejos ejercían un estricto control sobre el comercio desarrollado en el interior de los pueblos, vigilando la salida de productos para impedir el desabasticimiento de la población, fijando los precios de venta para evitar los abusos, inspeccionando las pesas y medidas utilizadas por carniceros, tenderos, taberneros… para evitar los fraudes.

Pero además se ocupaban del suministro, monopolizando la venta de los alimentos básicos en la localidad a través de una serie de establecimientos de propiedad municipal como carnicerías, tiendas, tabernas, mesones, hornos que gestionaban directamente con administradores nombrados al efecto o, como ocurría más habitualmente, los arrendaban al mejor postor en subastas públicas. Muestra de la importancia económica que tenían estos arrendamientos es el hecho de que el dinero obtenido por este medio era una de las principales fuentes de ingreso de las arcas municipales.

En Aldeanueva de Ebro su ayuntamiento monopolizaba el abastecimiento tanto del trigo como de la carne, el vino, el aceite y el pescado, para lo que se servía de una serie de casas destinadas a pósito, tienda de aceite y pescado, carnicería y mesón. Con la salvedad del pósito, administrado directamente por el concejo, el resto de los establecimientos así como el abastecimiento de los productos alimenticios eran arrendados anualmente siguiendo un procedimiento perfectamente regulado y basado en la publicidad y la libre concurrencia.

Como norma general a comienzos del año, el concejo sacaba a pública subasta los distintos abastos, estableciendo las condiciones a las que se debían ajustar los arrendatarios y que eran pregonadas por tres veces y en distintas fechas en la plaza pública. Los interesados hacían sus “posturas”, “rematando” el concejo el abasto en la oferta que le fuera más ventajosa. Elegido el abastecedor éste se obligaba, mediante contrato suscrito ante el escribano, a abastecer según las condiciones fijadas. Como garantía del cumplimiento de los compromisos adquiridos los “obligados” debían presentar a un fiador.

Abasto de trigo y pan

La economía de los aldeanos en la Edad Moderna no sólo estaba próxima a la subsistencia sino que además era muy frágil. La sequía del terreno los tenía acostumbrados a la escasez de las cosechas, por lo que de ordinario tenían necesidad tanto de pan para comer como de trigo para sembrar. Incluso en los años de bonanza, los graneros de los más pobres ya estaban vacíos cuando apenas había entrado el invierno permaneciendo sin grano hasta la nueva cosecha.

Para paliar estas carencias en el año 1576 se decidió hacer un pósito de pan donde hubiese almacenado trigo abundante para prestar a los vecinos necesitados, vender a los panaderos y a los caminantes que pasasen por el pueblo. Para su administración se nombraba anualmente a un mayordomo que se encargaba de comprar el trigo en verano, cuando su precio era más barato, y que era prestado a los campesinos en otoño. El préstamo del trigo se anunciaba públicamente para que todos los interesados pudieran acudir al reparto. Ya en el verano y tras la cosecha, los campesinos debían devolver la cantidad de trigo que habían recibido más el pago de un pequeño interés. 

Junto al abastecimiento del trigo el ayuntamiento se ocupó de que no faltase el pan en el pueblo. Así cada año y en el mes de enero se sacaba a pública subasta el arriendo de la “panadería” adjudicándola al panadero que se obligaba a entregar más cantidad de pan por cada fanega de trigo recibido del pósito.

A partir del mes de junio, los panaderos que se hacían con el arriendo, recibían del mayordomo del pósito sucesivas partidas de trigo en una cantidad que solía ser de 50 fanegas y hasta que se acababan las existencias en la cámara del pósito.

Una vez recibido y molido el trigo, los panaderos debían amasar y cocer el pan en sus hornos, para finalmente entregar a un receptor los panes a los que se se hubiera obligado para su posterior venta pública. Así por ejemplo en el año 1598 Pedro Bonete se obligó a entregar 27 cuartales de pan por cada fanega de trigo recibida (los cuartales eran panes que tenían la cuarta parte de una hogaza) y un año más tarde Andrés Pérez se obligó a entregar 28 cuartales y medio por fanega (1). Los panes que obtuviera de más el panadero sería la ganancia que conseguiría del arriendo.

El ayuntamiento carecía de un establecimiento propio destinado a la venta del pan, siendo obligación del adjudicatario del abasto facilitar la “botica para poner el pan” tal y como se estipulaba en las condiciones de la panadería del año 1598. En esta “botica” el pan era vendido al precio fijado por el ayuntamiento teniendo en cuenta que éste no fuera muy elevado y que a su vez permitiese al pósito tener ganancias. El dinero obtenido debía ser entregado al mayordomo del pósito quien lo guardaría en un arca de tres llaves junto al resto de caudales. 

Abasto de vino

El vino era considerado un alimento de primera necesidad, por lo que el concejo estaba obligado a garantizar su provisión lo que conseguía disponiendo de una taberna pública en la que no debía faltar el vino y que era sacada a subasta a comienzo de cada año, adjudicándola al postor que más ventajas ofreciese al municipio.


Hasta finales del siglo XVII el terreno destinado a viñedo en Aldeanueva de Ebro era muy reducido, debido a las limitaciones impuestas por la ciudad de Calahorra quien se reservaba la producción y comercialización del vino a costa de graves perjuicios para sus aldeas dependientes. Como consecuencia de ello la producción local de vino no llegaba a cubrir las necesidades de consumo de los aldeanos, al menos hasta que en el año 1691 y tras duros y largos litigios con Calahorra, consiguieron licencia real para poder plantar 1000 fanegas de viña.

Ante esta situación de carencia, los aldeanos estaban obligados a traer vino de fuera de la localidad y de ese cometido se ocupaba fundamentalmente el arrendatario de la taberna, quien se obligaba a acarrear el vino necesario “de donde lo mandare el ayuntamiento” ya fuera de dentro o de fuera del reino de Castilla. Como compensación por estas tareas de carretería el tabernero recibiría una retribución económica, así por ejemplo en las condiciones del arriendo de los años 1598 y 1599 se estipulaba que se le entregará “6 maravedís de cada legua de cada una cántara y cuatro de vendaje”, además “si el vino es de fuera de este reino se le pagarán los diezmos y mermas de cántara” (2).

El ayuntamiento de Aldeanueva de Ebro no disponía de taberna propia, por lo que la venta de los caldos la debía realizar el arrendatario en su propia bodega. Por su parte los cosecheros de la localidad también estaban autorizados a tener taberna en su casa, pudiendo vender al menudeo el vino de su propia cosecha y “por cantarado” el que trajesen de fuera del pueblo.

El precio del vino era establecido y regulado por el concejo de tal manera que todos los vendedores estaban obligados a venderlo “según postura del regidor”. Los caldos estaban gravados por una amplia gama de impuestos tanto municipales como reales o eclesiásticos (alcabalas, sisas, servicios de millones, diezmos…) lo que repercutía en su precio hasta tal punto que se ha llegado a estimar que entre un 60 y 68% del precio final del vino correspondía al pago de impuestos.

Los taberneros actuaron de intermediarios entre los consumidores y la hacienda real y municipal, así en Aldeanueva de Ebro el tabernero era el encargado de pagar en primera instancia la alcabala sobre el vino, encargándose posteriormente de su cobro al realizarse las ventas del vino. Así por ejemplo en el año 1598 Diego Marín se obligó a entregar 19 ducados al ayuntamiento de la alcabala del vino y un año más tarde Diego García consiguió el arriendo de la taberna pagando 13 ducados y medio por el mismo impuesto.

Abasto de carne

Para garantizar el abasto de carne el ayuntamiento de Aldenaueva de Ebro disponía de una carnicería pública que sacaba a subasta anualmente. Establecidos unos precios iniciales de venta de las carnes, los aspirantes debían realizar ofertas a la baja. Elegido el arrendatario, éste suscribía un contrato en que se definían con exactitud las condiciones del arriendo.


Al adjudicatario del suministro el ayuntamiento le entregaría la carnicería para que abasteciese de carne a la localidad desde el día de San Juan hasta el mismo día del año siguiente, debiendo contratar un cortador “a contento del pueblo” para que se encargara de la venta.

En la carnicería no debía faltar el carnero (macho de oveja de más de dos años de edad) ya que su carne era la más consumida. Estos carneros podían ser tanto capados como “cojudos”, es decir sin castrar, aunque estos últimos sólo los podían matar desde Pascua de Resurrección hasta finales de mayo, tal y como se establece en las condiciones del arriendo del año 1598 (3). Por su parte el carnicero estaba obligado a matar a partir de Pascua de Resurrección dos carneros capados semanalmente.

La carne de vaca, aunque menos consumida también era habitual en la carnicería. Más extraño era encontrar carne de animales jóvenes como los corderos y cabritos. Además de estas especies principales, también se vendían otras carnes menos apreciadas como las de oveja y la de cabra. Los menuceles, asaduras, cabezas y el sebo eran otros de los productos que los aldeanos podía encontrar en la carnicería.

El precio de las carnes se establecía por libras, siendo la más cara la de carnero, seguida del cordero y el “irasco” o cabrito; finalmente la vaca, oveja y cabra eran algo más barata.

Tipo de carne
Precio 1598
Precio 1599
Carnero
50 maravedís la libra
54 maravedís la libra
Cordero
40 maravedís la libra
40 maravedís la libra
Oveja
36 maravedís la libra
36 maravedís la libra
Vaca
36 maravedís la libra
36 maravedís la libra
Irasco (cabrito)
40 maravedís la libra
40 maravedís la libra
Cabra
36 maravedís la libra
36 maravedís la libra
Menudo
8 maravedís
8 maravedís
Asadura de cordero
20 maravedís

Cabezas

10 maravedís
Sebo

50 maravedís la libra


Los animales destinados a la carnicería se debían matar dentro del pueblo, no obstante estaba permitido, aunque con carácter excepcional, el sacrificio en el campo, así en los contratos de arrendamiento se especifica que “si muere alguna res en el campo, jurando el pastor que la degolló viva, se haya de vender al mismo precio, siendo vendible, y a vista del ayuntamiento”.

El carnicero para cumplir con su cometido debía disponer de un rebaño suficiente, cuyo mantenimiento se veía favorecido al incluir en el arriendo el disfrute de ciertos derechos de pasto, así podía pastar en los rastrojos con hasta 400 carneros y 50 ovejas de su propiedad desde el día de San Juan, y en los campos y viñas nuevas a partir de San Miguel.

Como contraprestación por hacerse con la carnicería, el arrendatario debía pagar la alcabala de la venta de la carne, en una cantidad que a finales del siglo XVI solía ser de 50 ducados.

Abasto de aceite y pescado

Los otros productos sobre los que ejercía el monopolio el ayuntamiento de Aldenueva de Ebro eran el aceite y el pescado y su abasto se arrendaba forma conjunta anualmente, rematándose en subasta pública. Para la venta pública el adjudicatario del abasto se serviría de la tienda municipal “una casa pequeña destinada para la ventta de pescado y azeyte”.

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(1) Condiciones de la panadería de los años 1598 y 1599 AHPLo., Legajo 6.255, 1597-1598, Sin Foliar 20-1-1598, Sebastián del Moral y Legajo 6.270, 1599, Folio 178, Sebastián del Moral. Transcritas por Sara Bustos.

(2) Condiciones de la taberna de los años 1598 y 1599 AHPLo., Legajo 6.255, 1597-1598, Sin Foliar 7-6-1598, Sebastián del Moral y Legajo 6.270, 1599, Folio 176, Sebastián del Mora. Transcritas por Sara Bustos

(3) Condiciones de la Carnicería de los años 1598 y 1599 AHPLo., Legajo 6.255, 1597 -1598, Sin Foliar, Sebastián del Moral y Legajo 6.270, 1599, Folio 169-170, Sebastián del Moral. Transcritas por Sara Bustos

domingo, 23 de noviembre de 2014

La sal, el oro blanco

“Olla sin sal, cuenta que no tienes manjar”

La sal fue el primer condimento utilizado en la historia de la humanidad y durante siglos ha sido un bien muy preciado fundamentalmente por su función en la conservación de alimentos. La práctica de salar carnes era habitual, sobre todo en el medio rural, donde la carne de la matanza debía conservarse muchos meses. Por su parte la salazón del pescado permitía su consumo en lugares lejanos al de su captura. La sal también llegaba a ser un sustituto de las especias disimulando el estado de descomposición que podían presentar ciertos alimentos. Era además un ingrediente esencial en la preparación de alimentos básicos como el pan o el queso. Su uso no se restringía a la alimentación humana, así la ganadería lanar necesitaba de la sal para alimentar a los rebaños.

Junto a su uso alimentario la sal se empleaba en el tratamiento de pieles y cueros o en la fabricación de jabón y tintes. Así mismo tuvo utilidad médica como tratamiento contra la gota o enfermedades y lesiones de la piel en forma de emplastos y ungüentos por su capacidad cicatrizante.

La importancia y la diversidad de usos hicieron de la sal un producto muy demandado que estimuló un comercio muy intenso desde los lugares donde se producía hasta los núcleos de población y que fue objeto habitual de una especulación que disparaba su precio y dificultaba el abastecimiento regular, duradero y satisfactorio a los consumidores.

Por su relevancia económica la sal estuvo muy controlada y gravada con impuestos y arbitrios. Así a partir del siglo XIV los reyes castellanos establecieron el monopolio del Estado sobre la explotación y el comercio de la sal y se implantaron “alfolís” o almacenes controlados por la Hacienda Real para el abastecimiento de los pueblos con unos límites territoriales definidos y fuera de los cuales los consumidores no podían comprarla.

Las poblaciones además estaban obligadas a adquirir la sal dentro del reino de Castilla y en las salinas que por su ubicación geográfica se hubiera establecido; en el caso de La Rioja Baja la tenían que comprar en Añana. Dando cumplimiento a esta obligación, la sal que se consumía en Aldeanueva de Ebro provenía de los manantiales de salmuera de la localidad alavesa de Salinas de Añana, así gracias al trabajo de Sara Bustos en los protocolos notariales conservados en el Archivo Histórico Provincial de Logroño hemos podido comprobar como en el año 1598 el concejo de Aldeanueva de Ebro se aprovisionó de 200 fanegas de sal en Salinas de Añana: 
En Aldeanueva a 5 de marzo de 1598, Pedro de Guinea, vecino de Salinas de Añana, exhibió sus poderes y recados para cobrar la sal de este lugar y recibió de los alcaldes y regidores 1.500 reales, la mitad de los 3.000 que se le deben de 200 fanegas de sal que este lugar tomó para su provisión. Gil Calvo y Martín González pagaron 650 reales. Juan Muñón y Cosme Lozano pagaron 850 reales. Esta paga se cumplió por Año Nuevo de 1598. (AHPLo., Legajo 6.255, 1597-1598, Sin Foliar 5-3-1598, Sebastián del Moral)

El precio que en esa ocasión tuvieron que pagar los aldeanos por cada fanega de sal fue muy elevado como consecuencia del incrementó de su coste producido en la segunda mitad del siglo XVI, así según los datos aportados por Rosario Porres Marijuán (1) la fanega de sal que se pagaba entre los dos y los tres reales con anterioridad a 1564, pasó a costar seis reales en 1566, llegándose este precio casi a triplicar a finales del siglo, así vemos como el concejo de Aldeanueva tuvo que pagar quince reales por cada fanega de sal en el año 1598.

Y es que la sal alavesa, que ya era una de las más caras de la península, incrementó ostensiblemente su precio cuando en 1564 Felipe II estableció el estanco de este producto. No es por ello extraño que los aldeanos buscarán alternativas a las vías oficiales para la adquisición de este producto básico, encontrandola en en el vecino reino de Navarra donde se podía conseguir una sal no solo más barata sino también “más blanca, más dura y con unas ojuelas más anchas que la de Castilla”.

Este comercio ilegal de sal no era ninguna novedad ya que las villas riojanas habían sido durante siglos la puerta de entrada de la sal navarra a Castilla. Según Rosario Porres Marijuán el contrabando no se había interrumpido jamás, siendo especialmente intenso en Calahorra con quien ya en 1331 había pleiteado Añana alegando que era tal la cantidad de sal que se introducía desde Navarra que los calagurritanos incluso “fazian dello alffolis”, por lo que ese mismo año el rey Sancho autorizó a los vecinos de Añana a embargar la sal y las bestias que se introdujeran desde Navarra y a castigar tanto a los encubridores como a los compradores.

En el siglo XVI el contrabando continuaba siendo una práctica común en las localidades riojabajeñas por lo que Carlos I facultó a la villa alavesa para que pudiera hacer “cala y cata” en esta ocasión en Arnedo a la búsqueda de la vedada sal navarra, autorizando a “prendar e penar” a quienes la tuviesen. 

Nada había cambiado a finales del siglo XVIII, por lo que no resulta extraño que en el año 1786 fueran localizadas en casa de un vecino de Aldeanueva de Ebro cuatro fanegas de sal provenientes del contrabando con Navarra. Según nos dan cuenta Gómez Urdáñez, Ibáñez Castro, Ilzarbe López y Moreno Galilea (2) tras un registro militar dirigido por el capitán de infantería y teniente de cazadores del regimiento provincial de Logroño destinado en la ciudad de Calahorra para la persecución de vagos, contrabandistas y malhechores se descubrió en la casa de Venancio Ruiz “dos sacos con sal blanca de contrabando”, unas cuatro fanegas. El militar ordenó el embargo de los bienes, trasladándose la sal al alfolí de Calahorra bajo la custodia del teniente de visitador de la renta de salinas del partido de la ciudad de Logroño, quien señalará que era “sal cuadrada de la prohibida de Navarra”. Dada la naturaleza del delito se ordenó la captura del contrabandista, un jornalero que según declaración del propio alcalde no estaba en casa, aclarando su mujer que llevaba tres meses fuera del pueblo ganando el jornal.

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(2) Gómez Urdáñez, José Luis; Ibáñez Castro, Juan; Ilzarbe López, Isabel; Moreno Galilea, Diego. "Justicia y orden social: delincuencia y represión del delito en Logroño en el siglo XVIII", Brocar, en prensa.